A los que esperan en ti,
Señor, concédeles tu paz y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame,
Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo.
Da pacem Dómine, sustinéntibus te, ut prophétae tui fidéles
inveniántur; exáudi preces servi tui, et plebis
tuae Israel.
Oremos:
Míranos, Señor, con ojos de misericordia y haz que
experimentemos vivamente tu amor, para que podamos servirte con todas nuestras fuerzas.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia de Dios y pidámosle que
escuche las oraciones de los que hemos puesto nuestra confianza en él:
A cada petición respondemos: Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para los obispos,
los presbíteros y los diáconos una vida santa, tal como corresponde a su
ministerio, y el premio abundante de su trabajo, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para los que
gobiernan las naciones y tienen bajo su poder el destino de los pueblos, el don
de la prudencia y el espíritu de justicia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para los enfermos
e impedidos, la fortaleza necesaria a fin de que no se desanimen ante las
dificultades y vivan alegres en la esperanza de los bienes eternos, roguemos al
Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Pidamos al Señor, para nosotros mismos,
para nuestros familiares, amigos y bienhechores, que nos conserve y aumente los
bienes que con tanta generosidad nos ha concedido, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor, Dios compasivo y misericordioso, que siempre perdonas a los que perdonan
a sus hermanos; escucha nuestras oraciones y crea en nosotros un corazón nuevo,
que, como reflejo del de Cristo, olvide las ofensas recibidas y recuerde a los
demás hasta qué punto tú nos amas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, con bondad, los dones y
plegarias de tu pueblo y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude a la
salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor Dios, qué valioso es tu
amor. Por eso los humanos se acogen a la sombra de tus alas.
Quam pretiósa est
misericórdia tua, Deus! Fílii
hóminum sub umbra alárum tuárum
confúgient
Oremos:
Que la gracia de esta comunión nos transforme, Señor, tan plenamente que no sea
ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el que impulse, de ahora en adelante, nuestra
vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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